miércoles, 21 de agosto de 2013

Guerra y paz de León Tolstoi

Entre las obras egregias de la literatura universal, Guerra y paz ocupa un lugar de especial lustre. De las mejores novelas jamás escritas esta vastísima y compleja narración abarca toda una vida, y donde además su condición de obra de arte le viene, entre otras virtudes, por los infinitos detalles que pueblan sus más de mil páginas, salidos de la observación minuciosa del genio ruso que la compuso. León Tolstoi (1828-1910) realizó con ella un prodigio de las letras. Creación que renuncio a resumir por la dificultad que entraña semejante empresa y porque aquí pierde validez esa ley imperativa de la ficción actual que obliga al escritor a estirar una sucesión de intrigas hasta un final imprevisible y sorprendente que, una vez conocido, convierte a la dichosa historia, en el mejor de los casos, en un viejo recuerdo sobre el que no merece la pena volver. Y Guerra y paz no es eso. Es algo especial y mucho más grande: una experiencia literaria en sí misma, una novela extraordinaria.

Romance de lobos (Comedias bárbaras III) de Ramón María del Valle-Inclán

Romance de lobos (1908) es la última de las tres comedias bárbaras de Valle-Inclán, serie que hemos visto ya en La Cueva con el comentario de las otras dos obras que anteceden a ésta según la cronología del relato. Y la más negra, intensa y lúgubre de las tres, donde domina la muerte y el clima nocturno, y en la que se suceden las escenas concentradas, de contenido incómodo, y con episodios vulgares, sacrílegos y esperpénticos. En este cierre de la trilogía se narra el desenlace épico del gran héroe de la obra, don Juan Manuel Montenegro, uno de los malos más atractivos de la ficción literaria española, y a su vez de los más desconocidos, pues ha quedado olvidado en un baúl donde sólo algunos excéntricos de la literatura nos asomamos de cuando en cuando.

Águila de blasón (Comedias bárbaras II) de Ramón María del Valle-Inclán

Águila de Blasón (1907) es la más extensa de las tres comedias bárbaras de Ramón María del Valle-Inclán. Ella es un episodio más de la vida de don Juan Manuel Montenegro, un hidalgo gallego que gobierna su pazo como un tirano su reino. «Es uno de esos hidalgos mujeriegos y despóticos, hospitalarios y violentos, que se conservan como retratos antiguos en las villas silenciosas y muertas, las villas que evocan con sus nombres feudales un herrumbroso son de armaduras». Si en Cara de plata se enfrentaba con el abad, en esta ocasión son sus hijos los que sacan los pies del tiesto y se rebelan, aún veladamente, contra el patriarca.

Cara de plata (Comedias bárbaras I) de Ramón María del Valle-Inclán

Cara de plata, la primera de las tres comedias bárbaras, aunque publicada en último lugar (1922), es la más perfecta de las obras protagonizadas por el épico don Juan Manuel Montenegro. En ella Valle-Inclán manifiesta toda su brillantez con el lenguaje, da esplendor a su pluma y forja una historia profundamente lírica, bella, mítica e incluso blasfema. Decimos que es la primera porque los hechos que narra son anteriores a los que acontecen en Águila de blasón (1907) y Romance de lobos (1908), aunque fuera compuesta la última. En el marco sórdido, escandaloso e impuro de una Galicia rural desnaturalizada se desarrolla esta expresionista trilogía, en la que destaca, colosal, la figura aristocrática de don Juan Manuel Montenegro, personaje épico y despótico al que nos vemos atraídos ya en sus primeros avatares. Un individuo que, pese a parecerse al diablo, resulta inolvidable.

El hombre sin rostro (Vladímir Putin) de Masha Gessen

El hombre sin rostro no es exactamente una biografía, entre otras cosas porque el personaje que estudia este libro sigue vivo y no pasa de los sesenta, sino más bien una crónica de su «sorprendente ascenso» al poder. La figura que cito a La Cueva es Vladímir Putin, un individuo oscuro y polémico que a los europeos nos pilla un poco a trasmano, porque la gran Rusia es en sí misma un mundo aparte, un universo hermético con creencias milenarias y una población hecha a una geografía y un clima muy especiales. Hace tiempo que tenía pendiente acercarme a la figura de Putin, pero ha sido ahora, tras algunas de sus recientes declaraciones denunciando la persecución de los cristianos en el mundo árabe, cuando me he decidido a enfrentarme con su figura. Y se trata en todo caso de una figura en absoluto mediocre.