miércoles, 1 de abril de 2015

Historias y mitos para niños y mayores: Astérix y Obélix

En otra época —me refiero sobre todo a las décadas de 1960, 70, 80 y 90, antes de la generalización de Internet y la aparición de cientos de canales de televisión— estaría convencidísimo de que al menos te sonarían los nombres de Astérix y Obélix. Hoy no puedo estarlo. Y si eres un poco avispado, sabrás por qué; las pistas te las he dado antes. Ahora bien, volviendo a los extraños nombres anteriores, tal vez sí hayas oído hablar de ellos y yo me esté preocupando en vano. Pero ¿en qué lugar quedan tus padres y profesores si ni siquiera tienes idea de estos conocidísimos personajes? No sabes, entonces, cuánto bien pueden hacerte las peripecias de estos simpáticos e irreductibles galos. A mí, como comprenderás, me gustaría que supieras de sus aventuras; por eso te invito a conocerlos a través de este lacónico articulito. Con la seguridad, no lo dudes, de que quedarás satisfecho.


En el siglo primero antes de Jesucristo más o menos lo que hoy es Francia y entonces se llamaba Galia estaba ocupada por los romanos. Pero según los creadores de este mítico cómic, René Goscinny y Albert Uderzo, una pequeña aldea gala resistía contra todo pronóstico impidiendo la dominación completa mientras producía verdaderos quebraderos de cabeza al invasor romano, a pesar de que las legiones se dividían en cuatro campamentos que cercaban a los irreductibles galos: Babaorum, Acuarium, Laudanum y Petibonum. Y es que ni te imaginas las dificultades que tienen que soportar los legionarios romanos cada vez que reciben la orden de hostigar a la pequeñísima aldea. Siendo sus reveses tan grandes y tan sonados que hasta el mismísimo Julio César intervendrá para torcer el rumbo de los acontecimientos y someter, por fin, a Astérix y los suyos.

Astérix es precisamente el galo más famoso de toda esta aventura. Es el héroe de su pueblo. Se trata de un guerrero bajito, astuto y de inteligencia viva, confiado a las misiones más peligrosas contra los romanos. Su amigo inseparable es Obélix. Un grandullón al que le encanta comer jabalíes y que mueve piedras para sus clientes de un lado para otro con una facilidad sorprendente. Junto a este bondadoso y enérgico galo siempre encontrarás a su simpático perro Idefix, que suele ponerse triste cada vez que cortan un árbol. El jefe de la tribu gala es Abraracurcix, respetado por sus hombres y temido por los enemigos. Es algo supersticioso, y sólo tiene miedo a una cosa: que el cielo se le vaya a caer sobre la cabeza. Aunque siempre se dice a sí mismo que «eso no va a pasar mañana». Asuranceturix es el bardo con el que cuentan los galos. Canta gestas y suele causar grandes risas. Por último, no se nos puede olvidar el insustituible druida Panoramix. Este anciano es el encargado de recoger hierbas del bosque y preparar pociones mágicas. Panoramix ha sabido reunir una gran cantidad de recetas a lo largo de su vida, pero sobre todo una es la causante de que los galos no pueden ser vencidos en combate por las legiones romanas. Se trata de una poción mágica que eleva enormemente la fuerza de quienes la beben. ¡Imagínate, así pues, de qué son capaces Astérix y Obélix con una sola cucharadita de esta poción mágica! Pero esto al principio los romanos no lo saben; por eso te pido que por ahora tú también guardes el secreto de la fuerza sobrehumana de los galos.


Sí me gustaría contarte, para acabar, mi experiencia personal con este tebeo. Yo leí las aventuras de Astérix y Obélix siendo muy jovencillo, y también viendo su adaptación a la tele a través de Canal 9. Hoy creo que haber conocido a estos míticos personajes contribuyó a despertar en mí el amor que siento por la ciudad de Roma y por su incomparable historia. Fíjate qué cosas. En fin, historias tan preciosas y entretenidas como ésta, además de permanecer en la memoria en forma de agradable recuerdo cuando uno ya ha crecido bastante, hacen un enorme bien a edades tan tiernas. Pídele, así pues, a tus padres o a tus profesores del cole que te permitan leer las aventuras de Astérix el galo. Hazme caso. Algún día me recordarás agradecido.


*Estos textos han sido escritos para el periódico de una biblioteca de Toledo, con periodicidad mensual, y orientado a los jóvenes de un colegio toledano. Mi columna en este espacio versa precisamente sobre literatura. Y mi propósito consiste en mover a la lectura tanto a jóvenes como a mayores a partir de historias como éstas. Que las disfruten.

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