lunes, 29 de febrero de 2016

Sherlock Holmes y El signo de los cuatro de Arthur Conan Doyle

El signo de los cuatro transcurre siete años después de la investigación de Estudio en escarlata. En este nuevo relato largo el genial sabueso británico exhibe de nuevo su brillantez intelectual y su particular temperamento. En esta ocasión, el misterio consiste en un tesoro indio compuesto por piedras preciosas que ha desaparecido y que en justicia debería poseer la señorita Mary Morstan. Cuando ésta se pone en contacto con el genial investigador privado denunciando la desaparición de su padre, propietario del tesoro, Sherlock se pone en marcha. El enredo sin embargo me parece algo secundario en esta breve novela. Pues el contraste entre Sherlock y Watson, enfatizado en El signo de los cuatro, me merece mayor interés que toda la trama.

viernes, 19 de febrero de 2016

La violación de Lucrecia de William Shakespeare

La producción literaria de William Shakespeare no se reduce a las obras destinadas a la función teatral, aunque sean éstas las más populares. En realidad el genial poeta británico es responsable de dos poemas narrativos magníficos, Venus y Adonis y La violación de Lucrecia, siendo el segundo de ellos el que le valió entre la crítica londinense un reconocimiento rotundo; por la armonía de sus versos, sus melódicas estrofas, su embriagador gracejo..., se le otorgó, justamente, el epíteto de «Dulce Shakespeare». Escribió ambos poemas en 1593 y 1594, respectivamente, aprovechando la clausura de los teatros de la capital a causa de un brote de peste. Uno y otro poema revisten tintes dramáticos, pero La violación de Lucrecia, sobre todo por su contenido, es una obra más sombría que la primera; una obra fecunda en dilemas morales, políticos y aun metafísicos. Es ésta, en definitiva, la obra de un autor culto; y por eso una obra reservada, ya en su concepción, a paladares con muy buen gusto.

domingo, 14 de febrero de 2016

El gran teatro del mundo Pedro Calderón de la Barca

El prodigio más conocido de Calderón, por no decir el único título conocido del autor madrileño, aun cuando el conocimiento no pase del título, es La vida es sueño, ya comentado en La cueva de los libros hace algún tiempo. No menor prodigio es El gran teatro del mundo, igual de penetrante que la tragedia de Segismundo, y sin embargo más fácil de entender por el público. Además, esta inspiradísima obra se incluye en un género que es propio de la cultura española. Son los autos sacramentales, popularizados sobre todo en el siglo XVII. Los autores del Siglo de Oro están ahora mismo olvidados, aunque al menos sus nombres permanezcan en las gentes en su memoria a largo plazo. Leerlos en cualquier caso siempre es un deleite. Y acudir a ellos una y otra vez, en mayor medida. Porque sólo en los libros con cierta miga, en los libros que llamamos clásicos, verdades que estaban en un momento dado escondidas, de pronto se revelan y consiguen hacer dichoso a quien las encuentra esculpidas entre páginas que ya nadie visita.

sábado, 6 de febrero de 2016

Oro y humo, mi segunda piel

De repente, de camino a casa, me llega un whatsapp de un viejo amigo, el más viejo en realidad, porque nos conocimos en la guardería: «Ya sé que a ti la música no te va mucho —dice— pero la letra está muy bien. Luego me cuentas qué te parece». Me envía un enlace para ver la canción en Youtube. Una vez en casa, me pongo cómodo y la escucho. Le comento a mi amigo que desde luego no es El encantamiento de Viernes Santo del Parsifal pero que en su registro la canción me ha gustado mucho. Es la verdad. Sobre todo me ha sorprendido su letra. Por lo visto todavía hay personas en el mundo que reconocen la mentira que supone pretender escalar los cielos y creerse igual a Dios. ¿Será posible?