martes, 29 de noviembre de 2016

Ecos de la escritura en el alma

La grafología pretende ser un saber capaz de describir la personalidad de una persona a partir de su caligrafía o escritura, como si la morfología de las letras y su propia ilación formando palabras constituyeran un espejo que revelara el alma del amanuense o calígrafo. Muchos, sin embargo, desconfían de esta especialidad suigéneris, considerándola, en efecto, una seudociencia. Pero yo no entraré aquí a valorar este apasionante asunto. No. Mi intención es otra. En realidad mis cavilaciones giran en torno a cómo repercute en el alma el ejercicio mismo de la escritura (la escritura manual, se entiende). Y al mismo tiempo, cómo responde el alma a través de la pluma (es decir, mediante la habilidad o destreza caligráfica).

martes, 15 de noviembre de 2016

La sociedad psicopática

Me encontraba estudiando, aprovechando las últimas horas del domingo, cuando de pronto me llega un aviso: «Iker Jiménez está hablando en Cuarto Milenio de los psicópatas». Aunque ya sé qué me puede mostrar el bueno de Iker sobre este asunto, y con qué especialistas contará para informar a la audiencia, hago un alto en el estudio y lo veo. De inmediato me doy cuenta de que es necesario decir algo sobre lo que estoy viendo; en concreto de un par de cosas con las que no estoy de acuerdo. En primer lugar, no me parece serio que cada una de las voces invitadas hable no más de tres minutos sobre el fenómeno de la psicopatía. Esa no es la forma de exponer ningún tema, y menos ése. Ahí se demuestra qué grado de profundidad pueden alcanzar programas como Cuarto Milenio. En segundo lugar, no comparto la presentación que se hace de estos sujetos mediante la división sociológica de psicópatas y no psicópatas. Y digo a nivel sociológico porque la misma idea de sociedad psicopática, que Iker menciona y recoge de Vicente Garrido, implica que todos estamos de una u otra manera comprometidos. Dicho con otras palabras. Todos somos responsables en mayor o menor medida de la actual sociedad psicopática. Para entender esto sólo hay que atender a los conceptos de complicidad, participación o colaboración. A nivel sociológico, por tanto, da lo mismo si somos psicópatas o no. Lo relevante es qué rasgos compartimos unos y otros.

viernes, 11 de noviembre de 2016

El gran silencio de Philip Gröning

Es justo la medianoche, de un día cualquiera de octubre. Por fin apago la luz, después de una provechosa, gratificante y dilatada sesión de estudio. Envuelto ya entre las sábanas, respiro hondo y me dejo arrullar por la lluvia medrosa que se desmorona gentilmente sobre la terraza. He esperado mucho para ver en estas condiciones perfectas la película, tanto como se ha echado en falta en esta tierra que el cielo la rociara con agua para que ésta bebiera y las plantas se alimentaran. Al margen de ese agradable tamborileo, la calma es total. Me pongo serio cuando introduzco el disco en el Mac. Lo que transcurre ante mis ojos en las siguientes dos horas y media no es sencillo de contar: sólo son un puñado de hombres entregados al más absoluto misterio.

Y sin embargo ganó Trump

Ni el horno está para bollos ni el mundo para literaturas. Por eso a veces hay que hacer de tripas corazón y hablar también de política; de asuntos relevantes, en definitiva, de cuestiones serias que tienen en última instancia una incidencia real en la vida de la gente llana. Ciertamente muchas personas son como los cerdos del Evangelio, que no merecen que nadie les eche perlas, pero otras sí necesitan un poco de claridad para saber a qué atenerse. Estos llevan demasiado tiempo siendo víctimas de la maquinaria propagandística de los medios de comunicación (auténtica industria de guerra psicológica). Sin duda en el Juicio Final los periodistas tendrán una condena más severa que los propios políticos. Unos y otros, monigotes de las élites mundialistas, son homicidas masivos de almas y pérfidas serpientes. Pero parece ser que ya no cuelan como antes sus patéticas mentiras. A pesar del desasosiego que me produce ocuparme de estos menesteres, hoy me alegra comprobar cómo a los embusteros se les atragantan sus queridas urnas.