domingo, 26 de febrero de 2017

The young Pope de Paolo Sorrentino, una obra mundana para mundanos

Dicen que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Con este refrán castellano, aplicado a esta serie de Paolo Sorrentino, intento expresar a mi manera que por mucho que se esfuerce un autor mundano en profundizar en las cosas del espíritu, su esfuerzo resultará siempre vano. Lamentablemente, ésta es una ley que el «hombre natural» no entiende. El cineasta italiano, sin duda, hizo un grandísimo trabajo en su anterior proyecto, La gran belleza —no lo niego y así lo publiqué en La cueva de los libros—, pero en esta sátira religiosa sólo consigue un producto ridículo, estrambótico y de nulo valor. Y sin embargo tremendamente dañino, aunque su autor no lo crea ni fuera su intención causar perjuicio. La verdad es que es una pena que no disponga de tiempo para meterle mano a este serie como merece. Con todo, haré lo que pueda, por si hubiera algún incauto que la creyera interesante y digna de crédito.


El periódico El País y su manía con enterrar a Dios

Investigando, me he topado por casualidad con una noticia del periódico El País de hace casi un año (26 de marzo de 2016), titulada: "¿Por qué la gente sigue creyendo en Dios?" Una risa traviesa se me ha insinuado en la cara cuando he abierto la noticia y enfrentado a esta manía persistente del principal diario sionista español, del que por cierto no puedo tener peor opinión. Aunque no es ningún mérito el nivel de indignidad de este medio de comunicación, pues en general la prensa española es una desgracia. Sea como fuere, y ya esté más o menos cerca el día en que esta industria de la desinformación pague todo el daño que ha hecho, me ha parecido oportuno replicar a este medio deshonesto, y vasallo de ciertos grupos encubiertos que trabajan con ahínco para establecer un orden mundial anticristiano. En definitiva, lo que quiero que sepan los responsables de este medio es que yo tengo una respuesta para su maniática pregunta. Es decir, que yo sé por qué la gente sigue creyendo en Dios. Lo cierto es que la réplica no puede estar más a la vista.

lunes, 13 de febrero de 2017

Juana Tabor y 666 de Hugo Wast

En la presente era virtual, donde casi todo es artificial, incluso el lector más descuidado encuentra paralelos entre las distopías más populares y la realidad actual. Muchas de las intuiciones de Orwell, Huxley o Bradbury se han consumado en nuestros días, aunque sea imperfectamente. Pero cualquiera de estas obras, por muy conocidas que sean, carecen de la clave religiosa, un elemento, en efecto, que les hubiera hecho presentar un escenario futuro mucho más temible y concreto.