lunes, 13 de febrero de 2017

Juana Tabor y 666 de Hugo Wast

En la presente era virtual, donde casi todo es artificial, incluso el lector más descuidado encuentra paralelos entre las distopías más populares y la realidad actual. Muchas de las intuiciones de Orwell, Huxley o Bradbury se han consumado en nuestros días, aunque sea imperfectamente. Pero cualquiera de estas obras, por muy conocidas que sean, carecen de la clave religiosa, un elemento, en efecto, que les hubiera hecho presentar un escenario futuro mucho más temible y concreto.

jueves, 26 de enero de 2017

Rectificar es de sabios: Scorsese, Mel Gibson y dos películas enfrentadas

Desde que vi la última película de Martin Scorsese, no he dejado de darle vueltas a su argumento. Enseguida realicé un artículo sobre la misma, que me pareció bastante logrado; sin embargo al cabo de los días me fui dando cuenta de que no había sabido extraer las últimas consecuencias de la cinta. Me faltó discernimiento y prudencia. El caso es que supe al escribirlo que podría haber dicho todo lo contrario de lo que dije, motivo por el cual me he ido sintiendo cada vez más como un vil sofista. Por eso he de rectificar lo dicho y fijar una posición definitiva. De ahí este artículo.

sábado, 21 de enero de 2017

Los mártires del Japón, Scorsese, Endo, y el silencio de Dios

La última película de Martin Scorsese ha provocado al mismo tiempo reacciones fogosas y las más sinceras adhesiones. La película, sin lugar a dudas, tiene su miga. Por mi parte, he leído con calma lo que ha publicado sobre ella Juan Manuel de Prada en el diario vaticano[1], así como la réplica aparecida en otro medio digital firmada por Candela Sande[2]. Yo creo que ambos tienen su parte de razón. Desde luego, con quien no puedo estar de acuerdo esta vez es con los buenos de Rorate Caeli, que han simplificado excesivamente una cinta que en absoluto celebra la apostasía[3], sino que abunda en matices teológicos, muestra con extraordinario respeto y hermosura el martirio de aquellos cristianos japoneses, e insinúa de modo admirable el misterio que representa caminar por el sendero de la cruz.

miércoles, 4 de enero de 2017

Hasta el último hombre de Mel Gibson

Es conocido mi amor profundo por Mel Gibson. Una admiración que se remonta al año 95 (Braveheart) y que esta noche, si cabe, ha crecido un punto más, después de haber visto su última y deslumbrante película. Una década después de Apocalipto, este genio absoluto del séptimo arte ha vuelto a cuajar una cinta maravillosa. Sin duda la mejor y más estudiada cinta bélica que recuerdo, también la de mayor potencial y recorrido. Si con La Pasión de Cristo caí rendido a los pies de Gibson, ahora el sombrero me quito. Hasta el último hombre es una historia inspiradora, conmovedora y grandiosa, que condensa perfectamente las palabras de Jesús recogidas por Mateo: «os aseguro que si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este monte: Vete de aquí allá, y se trasladaría; nada os sería imposible». 

martes, 20 de diciembre de 2016

Os deseo una Navidad sumamente feliz


Los dos grandes momentos del año litúrgico para los cristianos son los tiempos de Semana Santa y Navidad, preparados por los períodos de Cuaresma y Adviento, respectivamente. Para mí ambos momentos son muy especiales, y aunque todavía estoy aprendiendo a sumergirme en el misterio que representan, cada vez los vivo con más gozo, alegría e intensidad.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Sumisión de Michel Houellebecq

El día 7 de enero de 2015 la editorial francesa Flammarion publicó el original de la novela Sumisión. «Casualmente», la aparición del libro coincidió con la sangría de unos cuantos lacayos del panfleto blasfemo Charlie Hebdo. Pero esto no viene al caso (aunque no me parece trivial recordarlo), pues lo que quiero hacer notar aquí es que antes de que el último libro de Michel Houellebecq saliera a la luz, la obra ya había sido atacada ferozmente y considerada un «cuento de terror islamófobo». 

lunes, 5 de diciembre de 2016

Gracias señora Merkel

Hallo, señora Merkel. Me dirijo a usted únicamente para darle las gracias. No sabe cuánto le agradezco el esfuerzo que está haciendo para acoger a tantos pobres exiliados en Alemania. También me gustaría felicitarla porque no ha dado su brazo a torcer y se mantiene firme frente a los que promueven en nuestro país el racismo y la xenofobia. No sé cómo existen personas así, le soy sincera: personas tan insolidarias y encerradas en sí mismas. ¿Sabía que yo trabajé como voluntaria en un albergue para refugiados? La verdad es que desde el primer día me volqué al máximo con estas gentes huidas de sus países de origen, defendiendo su causa como si fuera nuestra; algo, por cierto, que todo buen alemán ha hecho desde el minuto uno. Pero perdone que todavía no me haya presentado. He sido muy grosera con usted, señora Canciller. Me llamo María Lagenburger. O más bien me llamaba. El 16 de octubre de 2016, a punto de cumplir 20 años, un afgano que solicitaba asilo en Alemania me violó brutalmente y me asesinó en el río Dreisam (Friburgo). Supongo que mi asesino tuvo una necesidad repentina. Gracias a Dios yo pasaba por allí y pude satisfacerla. Sé que cumplí con mi deber.

jueves, 1 de diciembre de 2016

El tiempo todo lo devora

Veo a Saturno devorando a su hijo con saña intemporal. Goya lo pinta loco, maldito, surgiendo de un fondo oscuro para acabar con todo rastro de materia y humanidad. Es un engendro, como un espectro furioso que no ha encontrado descanso en el más allá. Rubens, en cambio, lo presenta añoso y solícito, pero no senil, pues devora con satisfacción y en nada se advierte su decadencia física; muy al contrario, se le ve en plena forma, y con un apetito desmesurado, inmortal. Ambos son caníbales. Y sin embargo no representan el odio, sino el tiempo que todo lo devora. Saturno (o Cronos, según se quiera) es la encarnación de esa dimensión física que representa la sucesión de estados por los que pasa la materia hasta su destrucción final.

martes, 29 de noviembre de 2016

Ecos de la escritura en el alma

La grafología pretende ser un saber capaz de describir la personalidad de una persona a partir de su caligrafía o escritura, como si la morfología de las letras y su propia ilación formando palabras constituyeran un espejo que revelara el alma del amanuense o calígrafo. Muchos, sin embargo, desconfían de esta especialidad suigéneris, considerándola, en efecto, una seudociencia. Pero yo no entraré aquí a valorar este apasionante asunto. No. Mi intención es otra. En realidad mis cavilaciones giran en torno a cómo repercute en el alma el ejercicio mismo de la escritura (la escritura manual, se entiende). Y al mismo tiempo, cómo responde el alma a través de la pluma (es decir, mediante la habilidad o destreza caligráfica).

martes, 15 de noviembre de 2016

La sociedad psicopática

Me encontraba estudiando, aprovechando las últimas horas del domingo, cuando de pronto me llega un aviso: «Iker Jiménez está hablando en Cuarto Milenio de los psicópatas». Aunque ya sé qué me puede mostrar el bueno de Iker sobre este asunto, y con qué especialistas contará para informar a la audiencia, hago un alto en el estudio y lo veo. De inmediato me doy cuenta de que es necesario decir algo sobre lo que estoy viendo; en concreto de un par de cosas con las que no estoy de acuerdo. En primer lugar, no me parece serio que cada una de las voces invitadas hable no más de tres minutos sobre el fenómeno de la psicopatía. Esa no es la forma de exponer ningún tema, y menos ése. Ahí se demuestra qué grado de profundidad pueden alcanzar programas como Cuarto Milenio. En segundo lugar, no comparto la presentación que se hace de estos sujetos mediante la división sociológica de psicópatas y no psicópatas. Y digo a nivel sociológico porque la misma idea de sociedad psicopática, que Iker menciona y recoge de Vicente Garrido, implica que todos estamos de una u otra manera comprometidos. Dicho con otras palabras. Todos somos responsables en mayor o menor medida de la actual sociedad psicopática. Para entender esto sólo hay que atender a los conceptos de complicidad, participación o colaboración. A nivel sociológico, por tanto, da lo mismo si somos psicópatas o no. Lo relevante es qué rasgos compartimos unos y otros.