miércoles, 26 de marzo de 2014

Estoy bien de J. J. Benítez

Estoy bien. De esta hermosa manera llama a su último libro el polémico periodista J. J. Benítez. En esta ocasión el afamado escritor, aupado a la fama internacional con su delirante saga Caballo de Troya, aparca los extraterrestres montados en naves espaciales para hacerle hueco en su obra a lo que él llama «resucitados» (muertos que han vuelto circunstancialmente para comunicarse con los vivos). Para dar cuenta de su «descubrimiento» —que hay vida después de la muerte, algo que ya se ha defendido en miles de libros anteriores al suyo— reúne aquí 160 testimonios de personas que tuvieron experiencias directas, y de las que yo no dudo en absoluto, con seres que habían fallecido. Lo que no me trago son las conclusiones de este señor, curtido en la heterodoxia anticlerical que propone en nuestros días la Nueva Era. Y a pesar de todo, será, como digo, número uno en ventas en las próximas semanas. Pero yo de Juan José Benítez no me fío, y por lo tanto considero que tampoco nadie debería hacerlo. 

Lo mejor de Estoy bien son los casos mencionados, impresionantes, tremendos, y para mí innegables. Es un placer leer testimonios de este tipo, que ponen de manifiesto una realidad sobrenatural. Llamarán, por esta razón, muchísimo la atención a los lectores que no están familiarizados con estos temas, pero debo decir que este mundo ya ha sido concienzudamente explorado por la escatología cristiana. Con todo, repito de nuevo, el libro será muy bien acogido, porque si bien una cantidad considerable de personas son reacias a admitir esta realidad, un número no inferior a éstas sí cree que hay «algo» más allá de esta vida. Qué sea para ellos este algo varía de unos a otros como de la noche al día. Y aquí está el problema. En la propuesta de Benítez. Por eso lo peor del libro es su propio autor, inclinado a corrientes gnósticas y por ello heréticas, que pretende, como siempre ha hecho, engatusar a la gente con ideas, no sólo controvertidas, sino sencillamente inverosímiles. Pero también los falsos maestros tienen su clientela. 

Dicho esto, la razón por la que digo que J. J. Benítez extrae conclusiones inaceptables de los testimonios de este libro es porque pretende hacernos creer que, puesto que todos los muertos están bien, o así lo han manifestado a sus amigos o familiares al comunicarse misteriosamente con ellos, no hay que temer a la muerte pues tras ella el hombre —todo hombre— estará bien y será feliz. Pues bien, me niego a aceptar semejante hipótesis. Pondré un ejemplo para ilustrar las consecuencias de la escatología del señor Benítez. Si un etarra con las manos manchadas de sangre muere orgulloso de sus crímenes y de espaldas a Dios, en esa otra vida que Benítez predica también el criminal debería «estar bien». Y quien dice etarra dice cualquier otro monstruo que no tiene la más mínima noción de Dios y que de tenerla su vida y su obra han estado dedicadas a rivalizar con el Altísimo. Así pues, por lo que a mí respecta, que le vayan con ese credo a otro. 

Y es que para el señor Benítez todos seremos algún día «seres esféricos». Como he dicho otras veces, repitiendo la frase de Chesterton, cuando el hombre deja de creer en Dios es capaz de creer en cualquier cosa. Por eso Benítez, que está empapado de Nueva Era y gnosticismo y además sus escritos apestan a propaganda anticlerical, se preocupa al principio del libro de distanciarse de la Iglesia y de que no sea considerado su librito New Age una obra religiosa. No hacía falta que lo jurase. Otros autores, en cambio, María Vallejo-Nágera por ejemplo, han publicado antes que él testimonios de personas que habían tenido contacto con las almas del Purgatorio, y sus relatos estremecen entre otras cosas porque muy bien no dicen que estuvieran. Lea el señor Benítez a Vallejo-Nágera (Entre el cielo y la tierra o Cielo e Infierno: Verdades de Dios) o a María Simma, en una obra formidable sobre los purgantes titulada ¡Sáquennos de aquí! No lo hará. Y si lo hiciera, ya se encargaría él de proporcionarle a estas realidades el barniz de sus particulares y heréticas ideas. Pues el objetivo del periodista navarro siempre ha sido pervertir el mensaje evangélico, deshacer los pilares de la Iglesia, falsear la doctrina cristiana. 

Por tanto, a buenas horas mangas verdes podría titularse una crítica a este libro de Benítez, si quien la escribiera considerase que el autor es honrado al colegir, al haber «descubierto» que la muerte no es el final, afirmaciones tales como que lo que vendrá después de la muerte será para todos una vida dichosa y feliz. En cambio, ya lo he dicho antes, yo creo que Benítez tiene la cara muy dura y que sus libros tienen por objetivo pervertir las verdades católicas. Por eso diré, para cerrar este comentario al último libro de J. J. Benítez (Estoy bien), lo siguiente. Estoy convencido de que en el fondo su obra literaria es abominable —empezando por sus delirantes Caballos—, y que por más que haya envenenado con falsas doctrinas las cabezas de muchos de sus lectores, el esfuerzo de Juan José Benítez se revelará finalmente vano, como quien da coces contra un aguijón. Para entonces, cuando su obra no la lea ya nadie, la Iglesia que tanto desprecia seguirá firme, erguida, de pie. En resumidas cuentas: A pesar suyo, plenamente viva.


Luis Segura


4 comentarios:

  1. Hola, decirte que me ha gustado esta critica al libro de J.J. Benitez, es la unica que he encontrado en la cual se da una opinion del libro, mas alla de mostrar lo que cuenta. Soy lector desde hace mucho tiempo de J.J. Benitez, en algunas cosas estoy de acuerdo y en otras no.Me he leido todos los Caballos,me encantan, otra cosa es que me los crea La verdad me trae sin cuidado si la muerte es el paso a otra vida,mejor o peor,o simplemente dejamos de existir, pero me interesa leer sobre ello, por lo que leere su libro y alguno de los que tu indicas. Que J.J. Benitez aborrece a la iglesia no es nada nuevo, te aseguro que no esta solo en ese sentimiento, y cada vez menos, nadie nega el valor de la iglesia a pie de calle, personas individuales que luchan por un mundo mejor, trabajando, muchas veces, a su pesar, dentro de la Iglesia, quitando a esas personas la Iglesia es un burdel, donde los altos cargos juegan con su poder y con la poblacion,desde hace siglos, por lo tanto no entiendo como un error estar en contra de la iglesia, sino una virtud. Yo creo que como todo en esta vida hay veces que hay que tomar las cosas en serio, pero la mayoria de las veces casi que es mejor no,asi me tomo yo la vida en general,leo, me informo y me quedo con ese conocimiento,sin idolos ni mesias. Tampoco me tomo muy en serio tu comentario sobre que llegara un momento en que nadie leera a J.J. Benitez, me temo que es tarde para eso,guste o no guste su obra esta ahi y sea o no cierta la informacion, hay y habra muchos lectores buscando otros tipos de realidad y de puntos de vista. Para cerrar mi comentario decirte que estoy convencido de que a la Iglesia le quedan mucho tiempo por delante pero estaras de acuerdo en que hoy por hoy la Iglesia no esta tan firme y tan erguida. Un saludo y muchas gracias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Vic. Me parece muy interesante lo que has escrito. Sin embargo, hay algunas cosas que me parecen alarmantes.

      Por ejemplo que no te importe qué hay más allá de esta vida. No me lo creo del todo, pero quizá tenga algo que ver con eso que dices de que no hay que tomarse del todo en serio la vida. Y me preocupa porque no sólo es un pensamiento extendido sino además muy peligroso. ¿Y si resulta que la muerte no es el descanso que algunos esperan? ¿Y si resulta que en el más allá hay premios, y hay castigos? A mí me parece que la opción más prudente es, haciéndote caso en lo de restar hierro al asunto, hacerse una especie de seguro. Me explico. Uno contrata un seguro para su vivienda, pero con toda probabilidad su vivienda no sufra jamás ningún daño, y sin embargo el sentido común nos dice que hay un mínimo riesgo de perder algo muy valioso y en consecuencia asumimos contratar un seguro que con seguridad nunca tendremos que usar. ¿Por qué no hacer lo mismo con nuestra propia alma? Puede que no creas en el alma, pero ¿y si resulta que la tienes?

      Cristo no se mordió la lengua en cuanto a nuestra salvación, y entre otras cosas dijo: «La causa de la condenación consiste en que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz porque sus obras eran malas» (Juan 3, 19) Y: «Yo he venido como luz al mundo, para que todo el que cree en mí no quede en tinieblas. Yo no condeno al que oye mis palabras y no las guarda, pues no he venido a condenar al mundo, sino a salvarlo. El que me rechaza y no acepta mi doctrina ya tiene quien lo juzgue» (Juan 12, 46-47). Te animo, pues, a que leas la primera parte de mi libro "Antítesis: La vieja guerra entre Dios y el diablo" para introducirte en la cuestión de Dios. Para saber qué seguro (dios) contratar tendrás que informarte primero y aceptar después el que más crédito te merezca. ¿No?

      El otro asunto del que quiero contestarte es acerca de tu visión de la Iglesia. Vic, la Iglesia católica es el pueblo de Dios, es decir, la comunidad de creyentes. Etimológicamente remite al término asamblea, y por tanto abarca tanto a los fieles «rasos» como a las jerarquías. En ambos cuerpos hay buenos y malos. Por eso te invito a que te fijes en una cosa. Has alabado la sinceridad de algunos creyentes, esos que tú llamas de a pie de calle, y en cambio has atizado sin excepción a la jerarquía. Esto es un error. Iglesia son tanto unos como otros. Lo que ocurre es que las manzanas podridas de la jerarquía tienen repercusión mediática. Y la visión que los medios difunde de ellos está -te lo aseguro- absolutamente distorsionada. Teniendo la jerarquía -lo digo todo- gran parte de la culpa de que la fe, como dices, esté agonizando.

      Con todo, ningún comportamiento personal, por aberrante que sea, niega la revelación divina o la identidad del mesías. Es decir, que un católico oficial sea un villano no desmiente, en ningún caso, la realidad de Dios. Creo que esto es lo fundamental. Pero también que no deberíamos identificar a la Iglesia católica (es decir, universal) únicamente con los dirigentes de la misma.

      Y por último, aunque ya me he extendido demasiado, insistir en lo que simplemente es una opinión particular. Considero que las obras de J. J. Benítez no trascenderán la muerte del autor, pero puedo equivocarme y que sigan leyéndose mucho después de su muerte, reeditadas una y otra vez por algunas editoriales con intereses determinados. Pero no me parece relevante esta cuestión. El tiempo dirá.

      Nada más Vic. Saludos.

      Eliminar
  2. Me ha gustado mucho la reseña que has hecho del libro de Benítez. Yo soy una católica convencida, que cree que después de ésta vida hay otra donde recibiremos el premio o el castigo por nuestro comportamiento en la actual, cosa que me parece muy lógica, ya que si no, nuestra vida en la tierra no tendría sentido, y yo no creo en el azar ni en las casualidades.
    Dicho ésto, aunque nunca he leído un libro de éste señor porque las referencias no le abonan mucho, sí creo en que los muertos puedan comunicarse con los que aún vivimos. Y no es nada mágico, ni sobrenatural; es pura física.
    Por ello quiero deciros que hay dos sacerdotes españoles, teólogos y físicos, que han explicado claramente las diferencias entre nuestro cuerpo físico o material, energético o inmaterial, y nuestra alma inmortal. No se si los conoceréis ya, uno es D. Manuel Guerra Gómez, y uno de sus libros más interesantes es "La evolución del universo, de la vida y del hombre. Tiene un blog muy interesante en Infovaticana.com, donde a menudo habla de ésto. El otro es un jesuíta, D. Manuel Carreira; astrofísico y profesor de dicha asignatura en varias universidades en EEUU, y colaborador y asesor de la NASA. También ha pertenecido al centro de Astrofísica que tiene El Vaticano. De él no sé deciros un libro concreto, tiene muchos, y también artículos muy interesantes que se pueden leer en internet sobre el mismo tema que escribe D. Manuel Guerra.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jimena, nombre precioso.

      Conozco a los dos sacerdotes que citas. Don Manuel Carreira es una eminencia y lo tengo por maestro. Como has comentado, conoce sobradamente el tema porque es especialista en metafisica de la materia. Ha escrito mucho, pero publicado poco; de lo que ha publicado lo te leído casi todo. A don Manuel Guerra lo conozco sobre todo por sus trabajos sobre masonería, sectas y Nueva Era. También he leído algunos artículos suyos en Infovaticana. Concretamente, dos de los últimos, sobre los fantasmas uno, y sobre el 11M, otro, me parecen notables.

      En cuanto a Juan José Benitez, que por cierto acaba de publicar otro libro del ramo, me remito a lo dicho: No merece mi confianza.

      Jimena, paz y bien.

      Eliminar